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Otoño de 1987, Capilla Británica. Pertenecía a un taller de poesía coordinado por Silvia Tomasa Rivera, y una tarde nos presentamos ante unas cincuenta personas en una especie de festival. Me tocó cerrar con mis textos. Para la ocasión, me puse encima una improvisada capa negra que yo mismo elaboré (aclaro que soy un desastre como sastre). Yo era uno de esos jóvenes entusiastas, a quienes les emocionaba aparecer enfrente de un público, aunque no fuera tan numeroso. Antes de esa ocasión, sólo me había presentado en la FES Cuautitlán, y de eso ya habían transcurrido tres años.
“El Bar del Cangrejo Rojo” causó una buena impresión, y la aceptación de un grupo de damas de cierto patronato que de alguna forma auspiciaban el festival. Pero entonces comencé a decir, con voz grave e intensamente, “Rebelión dos”. ¡Las damas hasta hicieron para atrás la cabeza! Se horrorizaron, se indignaron, y salieron de ahí bastante molestas. Ni siquiera esperaron a que un grupo de rock comenzara a tocar un cover de Patti Smith, “Because the night”. El taller desapareció al poco tiempo, pero aquella fue una grata experiencia para mí, que me dejó con la inquietud, de algún día, presentar algo más grande y elaborado, quizás una obra de teatro o un espectáculo. Quizás, algún día... Y ese día llegó.
Claro que antes debo mencionar otro antecedente importante: la presentación en 1989 de “El lado obscuro del Tiempo” en el Centro Cultural San Ángel, con la escenificación de “Virginia”, dirigida por Salvador Fernández Escobar. Yo no participé como actor. Sólo me mantuve tras bambalinas, y participé del coctel al término de dicha presentación. Eran tiempos en que había que hacer todo con demasiada formalidad para recibir alguna atención por parte de uno que otro periódico o estación de radio. A quien sí debo agradecer es a don Fernando Morales Ortiz, el entonces jefe de Espectáculos del periódico Esto, quien me apoyó, saliendo en defensa de mis derechos autorales atropellados con “Diana Salazar”. Me publicó varias notas en su columna “Sanseacabó” y yo le dediqué mi primer libro. Siempre recuerdo a la gente que me hace bien.
El éxito a medias en el Centro Cultural San Ángel me animó a dar el siguiente paso, aunque éste sería posible hasta cuatro años después.
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En 1993 publiqué “Memorias del Abismo”, un libro de poesía de horror, lo cual parecía impensable en México por esas fechas. Algunos textos eran ataques frontales contra la familia, religión e hipocresía social; otros narraban historias de perversiones sexuales, batallas en la Edad Media y miedos arquetípicos. El libro literalmente pedía ser adaptado para la escena.
Habían transcurrido dos años desde mi última participación en “Hora Marcada”, y estaba consciente de que, por razones extraliterarias, las puertas de la televisión se habían cerrado para mí. “El lado obscuro del tiempo”, que publiqué en el ‘88, no había generado ningún interés, y casi toda la edición se hallaba guardada en paquetes, en mi casa. ¿Por qué me animaba a publicar un segundo libro? Ni yo mismo lo sabía. Siempre he sentido una voz interior que me impulsa a seguir adelante, sin importar los obstáculos que tenga que enfrentar. Ahora soy considerado un escritor de culto, de mis libros se han vendido alrededor de 30 000 ejemplares, tengo fans por todo México e incluso en el extranjero, me presento con éxito en diferentes lugares, y cada vez que estoy por publicar algo nuevo o por presentar Infernalia, se genera el interés de ese público. Los libros y fanzines nuevos nacen ya en “cuna de oro”, por así decirlo. Pero los libros que les abrieron paso, con los que luché cuando aún no llegaba ese numeroso público, ni los aplausos, ni la admiración; los de los tiempos heroicos, fueron “El lado obscuro del tiempo” y “Memorias del Abismo”.
A pesar de todo, la vida no era tan difícil para mí en ese entonces. Una persona se había comunicado conmigo para financiar una campaña de esterilización canina y felina (ya saben que además de escritor soy veterinario). Aunque el tiempo de esa campaña duró sólo unos años, fue suficiente para hacerme de recursos para publicar el libro y decidirme a montar el espectáculo que tendría el mismo nombre: “Memorias del Abismo”. Para empezar, sólo contaba con una asistente de producción, y eso porque quien era entonces mi novia me lo propuso. Debo reconocer que me apoyó. Fue la relación más larga de mi vida: ¡dos años ocho meses! Una eternidad para mí. Ella se encargó de contactar actores y bailarines, y éstos a su vez contactaron a un director. De esta forma se integró el elenco de “Memorias”, el primero al que yo conduje como productor:
Memorias del Abismo
(1993-94)
Actores:
Daniel López-Negrete
Carmen Trejo
Alfredo Rocha
Bailarines:
Héctor Ulloa
Ricardo Reyes
Edmundo Marín
Dirección:
Daniel López-Negrete
Vestuario:
Ángel Durán
Asistente de producción:
Silvia Pedroza
Autor y productor:
Mario Cruz
Los cuadros escénicos que se presentaron fueron:
*REBELION UNO
*JACK EL DESTRIPADOR
*MEDUSA
*EL ESPECTÁCULO MÁS CRUEL BAJO LA TIERRA
*VIDA DE FAMILIA
*COÁGULOS
*MERMELADA DE FRESA
*EL BAR DEL CANGREJO ROJO
*H2SO4
*GILLES
*POR ALGUIEN COMO TÚ
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Del ‘94 al ‘96 las circunstancias me apartaron de mi actividad como escritor de las sombras y me dediqué a proyectos alternos, como un guión histórico sobre la invasión de Pancho Villa a Columbus, para una productora de los Galindo; y la elaboración de unos textos didácticos para The Psychological Corporation. Fuera de esos proyectos, casi no tuve acción como escritor. Me dediqué más a la medicina veterinaria, afiliándome a Asociaciones humanitarias como PETA y la de Brigitte Bardot. Fui invitado a diversos programas de radio, e incluso a uno de televisión en Canal 13, para promocionar la campaña de esterilizaciones. Puedo decir que, en esos años, el veterinario fue más famoso que el escritor. Por la influencia de la persona que estaba muy cercana a mí, llevaba una vida diferente a lo que estaba y estoy habituado. Yo, que vengo de una familia disfuncional, tenía de pronto la aceptación y hasta el cariño de otra familia, y de la única relación de pareja verdaderamente estable que he vivido. También gozaba de una cierta estabilidad económica, que se vendría abajo cuando terminó el programa de esterilizaciones. Cada vez me alejaba más de mis horrores metafísicos, mis sombras y mis personajes siniestros. Todo indicaba el final del escritor oscuro, como en el “Testamento de Caín”. Mi ser parecía asentarse por vez primera. Pero ¿en verdad valdría la pena dejar atrás mi vocación? La monotonía y las dudas comenzaban a abrirse paso, y mi voz interior lanzaba sus advertencias. Cuando me di cuenta, estaba peligrosamente cerca del matrimonio. Entonces, como enviada por el mismo Infierno, llegó alguien que, indirectamente, hizo que todo volviera a su cauce, alguien inestable, traumada, conflictiva y más joven (creo que atraigo a esa clase de chicas). Al mismo tiempo llegó el derrumbe de mi estabilidad económica. En unos cuantos meses, mi vida dio un giro de vuelta a la inestabilidad, los conflictos, la angustia, pero también a la vida intensa y apasionada, a los sueños y la imaginación. Cuando llegó el ‘96, estaba solo, con coraje hacia muchas cosas, de nuevo odiando al mundo y a la humanidad, nuevamente siendo yo. Sé que para algunos eso no podría parecer sano, pero es que no lo soy.
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