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Así fue la segunda Infernalia:
EL EVANGELIO DE LOS VAMPIROS (FRAGMENTO)
LA CAIDA DE INFERNALIA
JACK EL DESTRIPADOR
EL BAR DEL CANGREJO ROJO
EL MONSTRUO DEL ARMARIO
EL ESPECTACULO MÁS CRUEL BAJO LA TIERRA
(INTERMEDIO)
EL EVANGELIO DE LOS VAMPIROS (SEGUNDO FRAGMENTO)
CIBERESPACIO
COAGULOS
H2SO4
MUERE, DULCE BEBE
EL PARAISO PERDIDO DE MILTON (FRAGMENTO)
LA ULTIMA COMUNION
Y el elenco:
Mario Cruz
Martha Flores
Victorina Trujillo
Hugo Austria
Asistente de producción:
Lorena casas
Staff:
La gente detrás de las paredes
Escrito, dirigido, musicalizado y producido por Mario Cruz
Héctor Ulloa había salido después de varias diferencias que tuvimos él y yo. Creo que todo surgió por el choque de egos. Ambos tenemos personalidades que, trabajando juntos en un proyecto como Infernalia, inevitablemente tenían que estrellarse. En la primera edición, los pleitos entre él y yo al término de cada cuadro escénico y tras bambalinas, eran épicos. Pero una vez fuera de Infernalia, Héctor era un buen amigo y nos llevábamos bien.
En el programa de mano se anunciaba la próxima aparición del fanzine Memorias de Infernalia, sí, el mismo que hoy está agotado, fuera de circulación y que es material sólo de coleccionistas. (Por eso apresúrense a adquirir el Volumen cuatro). También se aclaraba que “INFERNALIA es una obra de ficción y su única finalidad es entretener. No forma parte de ninguna ideología, credo ni tendencia social o política. Relájense y disfruten de la fantasía”.
Infernalia seguía siendo un espectáculo catártico, salvaje aunque algo básico. La diferencia estribaba en el público. ¡Teatro lleno, y con público real, que pagó su boleto! Fue magnífico el momento en que salimos para recibir los aplausos. ¡Qué energía y entusiasmo! Hasta entonces había sido el momento más grande de mi vida (claro que luego lo han superado otros), en el que al fin un público numeroso reconocía mi trabajo. Qué grato era saber que, lo que yo escribía pudiera gustar y llenar el alma de alguien más, o por lo menos que se pudiera identificar con mis escritos y apartarse, al menos por un momento, de la podredumbre de la realidad. Y esa ¿cómo decirlo? casi devoción por mí y por mis libros. ¿A quién debía agradecer, al cielo o al infierno? ¡A ninguno de los dos, sino al público! A ese público que desde entonces sigue yendo a Infernalia, leyendo mis libros, asistiendo a mis presentaciones, y que hoy está leyendo estas líneas. No me cansaré de decirles ¡gracias, muchas gracias! Pues a partir de esa segunda Infernalia, me consolidé en el gusto de mis lectores, y comencé a ser, eso que llaman, “escritor de culto”, pero que yo prefiero llamar simplemente un escritor que es honesto con lo que hace, pues sus líneas son sinceras en el momento en que las plasma. Yo siento lo que escribo, siempre, por terrible o violento que pueda ser. Y también soy sincero cuando salgo al escenario a darlo todo ante ese maravilloso público, el mejor que un escritor maldito puede tener.
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