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Cuarta edición:
VACACIONES EN EL CARIBE
VIRGINIA
CEMENTERIO EN MI CORAZÓN
EL ESPECTÁCULO MÁS CRUEL BAJO LA TIERRA
PERRO DE RABIA
(INTERMEDIO)
CALÍGULA
RAZA DE CAÍN, de Charles Baudelaire
H2SO4
MUERE, DULCE BEBÉ
WALPURGISNACHT
Elenco:
Mario Cruz
Martha Flores
Salvador Villaseñor
Victorina Trujillo
Luz Rosas
Manuel Hernández
Mario del Río
Brenda Hernández
Coreografía y co-dirección: Martha Flores
Staff: La gente detrás de las paredes
Relaciones públicas y vestuario: Bertha Leyva
Asistente de producción: Silvia Pedroza
Escrito, dirigido, musicalizado y producido por Mario Cruz
“Cementerio en mi corazón” sigue sin publicarse hasta la fecha. Usábamos una escenografía de lápidas, tanto para “Virginia” como para “Cementerio”. En este último, yo usaba un látigo, y de un golpe rompí una de las cruces de las lápidas. De haberlo ensayado cien veces no hubiera logrado hacerlo. Fue una verdadera casualidad.
Para entonces, parecía que Gobernación finalmente había entendido que yo sólo era un escritor como cualquier otro, y no el pervertidor de la humanidad, así que más o menos tuve la tranquilidad para montar un buen espectáculo. Otra vez, teatro lleno, y en esta especial ocasión, una excelente respuesta del público que aplaudía al final de cada cuadro, desde el primero hasta el último, y que al final de la obra, la mayoría se formó para que les firmara libros, programas y pósters. Ya me estaba acostumbrando al dolor de mano de tanto escribir dedicatorias. ¡Adoro ese dolor de mano!
Victorina y Salvador ya eran favoritos del público, sobre todo Victorina, que cada vez crecía más en el escenario. “Calígula” fue apoteósico, con esa sensualidad que proyectó, y qué decir de “Virginia”. Esos papeles parecían haber sido escritos para Victorina. Por otra parte, Brenda fue alguien que definitivamente dejó huella, y no sólo en el espectáculo.
Lo mejor fue que, al llegar 1999, yo tenía definitivamente un lugar dentro de la literatura oscura de México. El número de lectores crecía casi tangencialmente, y con él, todo ese interés. Se habían agotado las primeras ediciones de la Trilogía oscura (Lado, Memorias y Obra), y ya estaban en nuevas ediciones, ahora unificadas en el color negro ya característico de mis portadas. Pero esos ejemplares de portadas rosas y cafés se volvieron de colección, y sé que ahora, quienes los llegan a tener, y deciden venderlos, lo han hecho en más de cien pesos. Llegaba el turno de un nuevo libro, el más etéreo de cuantos he publicado a la fecha. Se trataba de una especie de complemento de “Obra del Maligno”. De hecho, estaba también distribuído en puertas, y comenzaba con la sexta, el segundo libro del Evangelio de los Vampiros: “El Libro de la Búsqueda”, el cual contenía, entre otras cosas, el famoso discurso de Aradia, que de inmediato se integró a Infernalia. El libro al que me estoy refiriendo es, por supuesto, “Emperador de la Noche Infinita”.
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