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Sexta edición (abril, 2000):
OBERTURA IMPERÁTOR-REBELIÓN TRES
VIRGINIA
EL BAR DEL CANGREJO ROJO
MERMELADA DE FRESA
CARRETERA A LA ESQUIZOFRENIA
D.T.M.
EL ESPECTÁCULO MÁS CRUEL BAJO LA TIERRA
(INTERMEDIO)
H2SO4
MUERE, DULCE BEBÉ
ARADIA
CRÓNICAS DE LA NOCHE INFINITA
Elenco:
Mario Cruz
Martha Flores
Victorina Trujillo
Bela Kinsky
Grupo de extras
Coreografía y co-dirección: Martha Flores
Staff: La gente detrás de las paredes
Vestuario y relaciones públicas: Bertha Leyva
Diaporama: Fernando Priego
Concebido, escrito, co-dirigido y producido por Mario Cruz
En ese año, el grupo de Triste Makrina me invitó a un festival en el Circo Volador. Ya antes, Ivette había hecho casting para ingresar a Infernalia, pero se le dificultó “Ciberespacio” (de lo cual fue testigo todo el elenco), al grado que no me quedó más remedio que darle las gracias. El evento en el Circo fue el 24 de junio. Yo había pedido el escenario pequeño, pues soy escritor, y no grupo de música. Sin embargo, por cuestiones de desorganización (terrible desorganización), acabé en el escenario grande, y abriendo el festival una hora después de lo programado. Salí bien librado, e incluso al numeroso público le gustó “Mermelada de Fresa” y algunos lanzaron un grito de exclamación cuando mencioné “Obra el Maligno”. Aun así, no he vuelto a participar en ningún evento que realice ese grupo, ni me interesa volver a hacerlo.
Los vientos en la política mexicana comenzaban a cambiar y ciertamente iban a influír en la actividad cultural, sobre todo en la llamada subterránea. ¿Cómo no va a ser subterránea si los medios no se ocupan? Es el colmo que, hasta en el suplemento cultural Confabulario, del Universal, se entreviste a los “autores”(?) de Cañitas y La Mano Peluda. ¡Así es como se hace y se reseña la cultura en México! Infernalia y yo mismo nos hemos abierto paso a bayoneta calada, y si somos conocidos es gracias al apoyo del público, lo cual es mil veces más valioso que ser compadre, hijo o amante de un pez gordo. Pero como decía, la política estaba a punto de dar un incierto y posiblemente peligroso giro con el arribo del PAN a la Presidencia. Mis temores no eran infundados, sobre todo ahora que se ha sabido a través de los medios los nexos turbios de Pro-vida con presupuestos oficiales. ¿Qué sería de un espectáculo como Infernalia si llegaba Fox al poder? Había mucho por qué dudar y hasta temer.
Bajo esa sombra, o más bien, luz de amenaza, comenzamos a planear la Infernalia de octubre. El anuncio de la proximidad del espectáculo generó la expectación acostumbrada, y teníamos mucho ánimo por presentarla, aunque en el fondo sabíamos que podía ser la última, y no por decisión nuestra, sino por esos cambios en el vendaval político del país. Pero nos concentramos en lo nuestro, y pusimos, como siempre, todo nuestro empeño en presentar una buena función. Debo mencionar que el proceso de preparación de cada Infernalia se hacía en casa de Martha, en un ambiente familiar. Tan familiar que hasta sus pequeñas sobrinas estaban muy atentas y divertidas con lo que hacíamos. Una de ellas, aprendía apenas a hablar, y una de sus primeras palabras fue “coágulos”. Otro detalle curioso es que Martha, como maestra de danza, tenía su estudio, con espejos en la pared, pero también con cromos bastante light y lindos de niñas bailarinas. Siempre me pareció gracioso el contraste entre ese ambiente y lo que ensayábamos.
Bela Kinsky ya estaba totalmente integrado al grupo, y comprometido como todos en desarrollar esta nueva Infernalia. Esta vez tenía un par de retos más: “Ahí viene el tren”, cuadro de humor negro donde un hombre cava un hoyo bajo la vía del tren, y en ese hoyo arroja a su ex novia, sólo para volarla, descarrilando el tren al mismo tiempo. Todo se hacía con juegos de luces y humo, y al final, rodaba una cabeza que el hombre levantaba y, antes de besar en los labios, él decía: “adiós, mon amour”. Este cuadro lo hizo Hugo Austria en una de las funciones de la primer Infernalia, y de verdad que lo hacía muy bien. Bela también lo hizo, desde luego en su estilo. Como director, yo no soy impositivo. Trato de aprovechar las cualidades de cada actor y les doy mucha libertad para que ellos aporten su estilo, talento y creatividad. Eso nos ha funcionado hasta ahora. Bela tenía un reto mucho más grande en el segundo acto: ni más ni menos que “El Cuervo”, de Edgar Allan Poe. Este enorme texto ha sido interpretado por grandes actores, en todo el mundo, así que el paquete era considerable. Escribí y dirigí la adaptación, haciendo una versión condensada del inmortal poema. Bela estaría acompañado por el enérgico bailarín Manuel Jiménez, quien, mientras no abriera la boca, impactaba con su presencia. Qué pasaba cuando la abría, mejor no lo digo. Traté de que el público se sintiera envuelto por unas voces que repetían en algunos momentos palabras como “oscuridad” o el famoso “nunca más”, respuesta eterna del cuervo a las preguntas del hombre atormentado. En esta ocasión, reconozco que temí que Bela pudiera no sacar adelante el reto. Pero lo hizo. El público le aplaudió con energía, y ahora “El Cuervo” forma parte del repertorio de Infernalia, y la creación que Bela ha hecho con su interpretación ya forma parte de la leyenda del espectáculo. En cuanto a Victorina, ella sola atraía una buena parte del público. Tenía sus propios fans, eso sí, únicamente hombres. En esa séptima edición, presentamos por vez primera “Dios bendiga a la gente solitaria”, el texto más melancólico de “Obra del Maligno”, y conmovió a buena parte del público. “Muere, dulce bebé” seguía haciendo de las suyas y, mientras Martha y yo lo representábamos, escuché claramente cómo una chica del público sollozaba.
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