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Decidimos presentar una Infernalia más el 30 de noviembre, justo antes de que Fox tomara posesión. Las cosas estaban por cambiar, y drásticamente. Quizás no habría otra oportunidad. Esa podría ser la última Infernalia. Así que la OCTAVA edición, la presentamos prácticamente para nosotros, como una recompensa por años de esfuerzos y satisfacciones. Una celebración semiprivada. La difusión fue mínima, casi apenas para nuestro público más constante. No queríamos hacer demasiado ruido. Esa noche, y casi de manera clandestina, Infernalia cumplió un ciclo, ante poco público, como cuando todo comenzó. Ciento cincuenta personas no era un público precisamente escaso, aunque sí comparándolo con los llenos de ediciones anteriores. Era el último capítulo del espectáculo, y quién sabe hasta cuándo volveríamos a hacer algo parecido. Pero si era el final, entonces saldríamos con toda la energía y el entusiasmo, actuaríamos para complacernos y en verdad haríamos que esa fuera una gran despedida. Nuestro público es maravilloso, por su inteligencia y perspicacia. Son nuestros cómplices, y casi nos guiamos por códigos cuando es necesario. Así, no dudaron que la tal “Presentación” iba a ser algo más que una mesita y dos intelectualoides aburriendo a la concurrencia dando sorbos a sendos vasos con agua. Si la “Presentación” se iba a llevar a cabo en la Geodésica, sería por alguna razón. y no les fallamos. No se sorprendieron. Nunca anunciamos Infernalia, pero esa noche regresó subrepticiamente. Y el público llenaba el teatro esperándola. Y fue un retorno espectacular. Ni Victorina ni Martha estaban ya en el grupo. Victorina por las razones aducidas, y Martha, por varios conflictos conmigo y con las bailarinas. Para nosotros, algunas de sus actitudes fueron decepcionantes, sobre todo después de tanto tiempo de estar juntos y de confiar en ella. ¿Qué pasaría con el público que estaba acostumbrado a verlas en el escenario? Abel incluyó a sus actrices, y la base del espectáculo fue, precisamente, el nuevo libro. Ahora recuerdo que sí ha habido una Infernalia donde no se presentó “Muere, dulce bebé”. Fue en la novena edición. Y sí hubo quienes lo extrañaron. Pero el espectáculo fue intenso, sarcástico, melancólico y desgarrador. Definitivamente, Infernalia había regresado, y esta vez sin necesidad de intermedios. ¿Para qué descansar? ¡Ya descansaremos cuando estemos muertos! |